“Somos la mierda de la diarrea de la infancia”.
Esa frase se me ha venido a la cabeza, justo cuando llevaba diez minutos tosiendo y escupiendo como si se fuera acabar el mundo, abriendo el grifo del fregadero unas cinco veces para que se fuera la putrefacción que tiene en el pecho, una vez calmada, ha salido, no sé a donde (bueno sí, seguramente que a fumar), y ha vuelto vomitando los pulmones, esta vez en el lavabo, pero no importa, la oía igual, hasta el punto de darme arcadas, y ya bastante tengo con el Pan insípido Dukan. Pero cuando me coloqué los auriculares al volumen idóneo para quedarme sin tímpanos y no escuchar fuera de mi cilindro, empezó mi intento de calma, aún con la mandíbula apretada y los ojos clavados, rehuyendo de recuerdos infantiles, y no tanto, pero negativos, que tal vez tienen mucho que ver en lo que soy ahora, o en lo que siempre he sido pero ocultamente, tanto que ni yo lo sabía, hasta que no se cruzaron bocas comestibles con corazones bañados en aceite.
Ya no sé si sentirme mal por tener estos pensamientos hacía ella, y los que me guardo…… que por no escribirlos, no significa que estén ahí, pero están, y yo me quedo jugando al escondite las 24 horas que subo. Y ya tengo una edad para no cansarme….
p.d. … y antes de incluir esto en lo que voy a enviar a un Concurso Literario, prefiero escupirlo aquí, no quiero que de primeras me censuren.
2 comentarios:
me agrada como escribes.
Lo siento.
Tengo ganas de quedar otra vez a tomar aunque sea una coca cola :p
Un beso.
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