No me han gustado las despedidas y no quería que viniera, cuando vino,
no quería que se fuera… intente adiestrar mis sonrisas y condicionar mis miradas (para qué)
no recaer en tropiezos, no caer embobadamente, pero así no fue
me quedé leyéndole en braille el labio inferior con los ojos
como cuando me pucherea, pero con la boca.
Hoy me estoy marchando, que no yendo
desafiando a su olor, a su recuerdo
a la peca de su labio superior izquierdo…
el que quise desgastar a base de besos
cuando relamí su existencia.
p.d. estoy “hasta las manos” como canta el gran Alfredo González, dándole abrazos
agigantados………que le duren atemporalmente.
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