## "Si no quieres repetir el pasado, estúdialo". Baruch Benedict Spinoza (1632-1677); filósofo holandés
Eran las 9 p.m. dejó la carpeta junto a la propaganda de hacia por lo menos un mes, y los periódicos gratuitos que repartían cada mañana en la boca del metro, cuando la escarcha en los coches aún estaba en pleno apogeo, al igual que en sus venas. Fue un duro día de trabajo, las bolsas que adornaban sus tristes ojos, hablaban por sí solas. Se preparó un licor de café mientras se dirigía al sofá de cuero, que tantas noches sin descanso y tantos errores la costó, encendió el portátil para revisar el correo, y el día no podía ir peor, le rechazaron los 4 artículos que envió hace una semana a una revista on-line de crítica social, que si hubieran sido publicados habrían alimentado su cuenta bancaria, sin duda.
Afuera había truenos de tormenta después de 3 meses de sequía, a pesar del frío mezclado con los atascos y la contaminación de Madrid. En noches como esa se paraba a escuchar el ruido que le hacia la gotera en el pecho, recordó la cantidad de noches, de fiestas, de fines de semana, de meses dedicados a la relectura errática, en aquel sofá, de filósofos, que quizá nadie sabría ni pronunciar, escritores de la Generación Beat, libros de metafísica, psicología, etc. Demasiado tiempo con tristeza, dedicado a la mente, tal vez, para saber tanto que su memoria no pudiera albergar más información, y acabase sobrescribiendo cada neurona que llevara su nombre, el nombre de ella ...
Los primeros huecos de la memoria los rellenaba con garrafón y Edgar Allan Poe, más tarde conoció al Sr. JB acompañado por Freud, hasta que se retiró cerrando los bares de Tetuán con mezclas que le hacían temblar el hígado y la atrincheraban el pecho. Ahora nada era igual, la madurez trajo patas de gallo en las sienes de haber partido tantas veces de la risa el corazón, estrías en el alma, aguaceros en las entrañas y un cúmulo de heces, de sueños con diarrea en las arrugas del cerebro.
Pero no había sido una mujer tan sola como parecía, al menos hablando físicamente. Varias noches se entregó y se la entregaron, lamió ingles y respiró múltiples perfumes, para olvidar su olor, en infinitas espaldas, dormía con ellas para borrar su hueco en las sabanas y se despertaba sola, otras veces ella huía con resaca… en definitiva, era una mujer lo suficientemente atractiva para hacer el amor sin amor, casi siempre en la oscuridad para imaginarlas mejores cada vez que se le antojara, cada vez que su recuerdo aparecía sin avisar y lo violaba sin compasión pero con lágrimas en los ojos.
Sin duda, a sus 40 años era una mujer bella pero triste o tristemente bella, aunque eso ya no importaba, ni siquiera que ella siguiera recorriéndole el alma y las venas, deshidratándose en lágrimas o flujos vaginales cada vez que pensaba en sus ojos cerveza o escuchaba esas canciones que eligió mentalmente para cada silencio…
p.d. siempre dije que la tristeza era bella, "si algún día me deja tristeza, moriré de soledad".
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