Se advierte


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28/10/10

Rodando Castilla


No me he tenido que ir muy lejos del pueblo para parar en otro, tan solo por el capricho de un café con leche de máquina en un lugar más pequeño pero perfecto, si no me conoce nadie, por el momento lo he conseguido. Y no porque el café sea el peor que he probado, es uno de ellos, pero no es el caso.

Llevo dos días conduciendo, por el mono de coger un volante e ir por carreteras donde las indicaciones de los pueblos estaban en peor estado que el asfalto, más rodadas que la piel de los más ancianos del lugar, que los neumáticos del coche de mi madre, carteles que llevo viendo algo después de abrir los ojos por primera vez.

Entre sierras, cañadas, arroyos secos y campos resentidos por el calor del verano, bueno, la verdad que nunca han estado de otro color, rara vez con nieve, pero muy de cuando en cuando. Con la ventanilla bajada, rayando el cassette de Oxidocidio, sin ir a más de 60, en unas carreteras que deberían denominarlas terciarias o de batallas, por el gran número de baches y pegotes de alquitrán, que un día el ingeniero pensaría como solución, quedándose muy lejos de ser la correcta, pero nada es excusa para no abandonarme con libertad a las curvas, a las líneas continuas, a los arcenes, pasando señales con la vaca pintada, con el ciervo, con excursionistas… sí, me he quedado a cuadros, rubia o con la boca hasta el suelo y las cejas enarcadas al máximo, cuando he visto “Camino de Guadalupe”, más que nada porque esa señal solamente la he visto en Mallorca, y este verano, en el norte, señalizando el “Camino de Santiago”, ni idea que existía ese camino, y mucho menos que casi todo se recorriera por Ciudad Real, y aquí estoy, en uno de los dos pueblos donde se empieza… aunque evidentemente no lo voy hacer hoy, en breves anochecerá.



p.d. y mi madre se cree que estoy en la biblioteca… a 34 km de esta realidad.

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