Se advierte


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30/12/12

Rotura de esquemas




Le hacía preguntas empapadas de lágrimas
ella en lugar de acercarse… tenía la ansiosa necesidad de huir
cada vez más,
su cobijo fue mi casa, su bunker mi habitación,
y mis brazos su trinchera,
una trinchera que deshacía a base de besos
de risas y de “pucheritos” como le encanta llamarlo…
(y yo me convertí en agua cada vez que lo hacía).

Pero todo no fue tan “ideal”,
*** situación:
yo sentada en mi escritorio, haciendo una torre de naipes,
esta vez me reté en hacer una de cinco pisos…
concentrada, preocupándome hasta de no respirar
cada vez que colocaba una carta
resoplando y perdiendo la poca cordura que me quedaba
al resbalarse alguna de la base.

Detrás de mi un portazo, un giro de cuerpo
con la nariz aleteada y la vena de la frente hinchada…
(los sustos en esas situaciones nunca se me dieron bien),
y ahí estaba ella, con un manojo de folios entre sus manos,
sosteniéndolo como quien sostiene una enciclopedia r
ecién sacada de cualquier estante de biblioteca…
Simplemente, se acercó a mi, paso a paso, tranquilamente,
como si no hubiera roto un plato en su puta vida.
Dejó caer el tocho de papeles sobre la mesa,
como quien tira unas bragas en momentos de castidad perdida,
y el medio castillo de naipes se derribó
como se derriba una de las casas de Los Tres Cerditos.

Ella, sin dejar de sonreírme,
como ella sólo sabe hacer…
apoyo su mano izquierda sobre la mesa,
se inclinó y de sus labios salió un reto:
- ”¿que te pasa, tienes miedo a que rompa tus esquemas?” – mientras su mano derecha cogía folios de diez en diez, de veinte en quince o de dos en siete, limitándose a rajarlos, en Din-A5, en semi cuartilla, en etiquetas, en trocitos, en migajas…

Mi cara era poemática, y de la rabia que contenía
solo pude tirarla encima de la mesa
para tener un banquete en su paraíso
sin llegar al orgasmo, para eso estuve yo,
haciendo un trueque entre mis gemidos y sus entradas de emergencia…


p.d. quedándome como un cristal de bohemia entre sus brazos
temblando en cada respiro suyo en mi nuca,
en cada caricia como quien rasga un cuerda de guitarra….
apoyada en su pecho de niña, cerrando los ojos sin saber que decir…
pensando más de lo que bebo, por ello debería beber menos
y encantándome por mis primeros segundos.
Sin saber ni pensar que habrá una repetición de fotogramas,
solamente puedo ofrecerle un puñado de sonrisas,
que para lo demás… están las demás.

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